miércoles, 13 de septiembre de 2017

Vivir, morir y volver a vivir

Independiente venció ayer a Atlético Tucumán por 2 a 0 en un partido para el infarto y logró meterse a Cuartos de Final. Partido inolvidable en Avellaneda.


Sobran las palabras para describir este partido que fue un revuelto de emociones, un poquito de sufrimiento, pálpito, temblor, pero el toque final se lo dio la alegría; ese sentimiento lindo que llegó a pocos minutos del final y que Avellaneda sintió hasta en sus rincones más recónditos por el gran rugido que surgió del Libertadores de América, donde miles de coristas, con el corazón fervoroso, entonaron el grito sagrado para liberar tensiones, ansiedades y felicidad.

Independiente vio celeste y blanco enfrente y no ocultó su mística. Sin embargo, no todo fue color de rosas. Al comienzo del partido, en los primeros quince minutos, el conjunto de Holan fue ampliamente superado por un Atlético Tucumán que no hacía demasiados méritos para llegar, simplemente presionaba y el equipo local hacía el resto por la terca decisión de salir jugando desde abajo en un ambiente hostil. La tribuna pedía pelotazos para esquivar la presión tucumana, pero los jugadores no oían, pero si a Walter Erviti, quien finalmente indicó su presencia, se dio cuenta de la adversidad, y le cambió la mentalidad al equipo que pudo haber perdido el partido de entrada por los principios de salida de abajo, y pases al arquero, que planteaban al inicio del partido. Alan Franco, el que más abusó del pase a Campaña, se llevó varios insultos de la hinchada; además de complicar al guardameta y comprometerlo.

De a poco, los Rojos fueron metiéndose de lleno en el partido y entendiendo la metodología de juego del encuentro. El equipo salió de la cueva y le advirtió al rival que son un equipo peligroso. De la mano de Bustos, Benítez y Fernández, empezaron a coordinar jugadas y llegar a campo rival de una manera más regular. Y tal es así que, en una de esas mini ráfagas, llegó la primera alegría de la anoche. Individualidad del misionero Benítez que pasa a Fernández y este remata de una manera magnífica a gol.
Con el marcador 1-0 para Independiente, el local se animó y desde ese momento hasta los cuarenta de la primera etapa, fue una tromba, llegó y llegó al campo rival pero sin eficacia para definir, cualidad por la que el cuerpo técnico debe preocuparse y tomar cartas en el asunto. Luego, el partido entró en una meseta hasta el entretiempo y no hubo chances claras para ninguno.

Ya adentrados en el complemento, otra vez el visitante se hacia fuerte y dominaba a Independiente que fallaba en demasía desde lo técnico-táctico, malos pases que eran favorables al rival y complicaban el posicionamiento defensivo. Ya varias amarillas tenía por este tema y no reparaba en eso, acción que derivó en uno de los momentos cumbres de la noche; Nicolás Tagliafico se ganó la segunda amonestación y resultó expulsado tras una mala salida con Barco y no respetando la norma del fútbol que se basa en 'No salir jugando nunca hacia el medio', la perdió, cortó con falta y roja. Minutos después, el juvenil Rodrigo Moreira debutó como local y sus primeros momentos no fueron los mejores. Estaba perdidísimo y dispuesto a escuchar cualquier orden que le llegue de los más experimentados para acomodarse. Pudo haber sentenciado a Independiente en una jugada en la que despejó mal y se la dejó servida a Blanco, delantero rival, quien activó la reacción de Campaña y este cortó con algunas dificultades. Más luego, el central logró acomodarse y ser determinante.

A mediados del cotejo, el árbitro fue el más determinante. Después de varias acciones de Independiente pasadas por alto en un mal rendimiento, finalmente cobró penal en la segunda vez que bajaron a Bustos en el área -Antes hubo dos penales, uno a Bustos y otro a Benítez- y la gente deliró de emoción con la mejor expectativa. Fernández se convirtió en el antagonista y le quitó (momentáneamente) las esperanzas a la tribuna, falló el penal y un rebote regaladísimo que le había dejado Luchetti. "Ya está, quedamos afuera", decía algún hincha entre la multitud cuando cada vez se venía más seguido el Decano hacia el área Roja. Y ahí fue donde el uruguayo Cunha actuó de nuevo, cobró otro penal -inexistente- a favor del visitante. La tele mostraba el replay y la infracción no fue, se equivocó. El Pulga Rodríguez ejecutó, anotó y el silencio se hizo presente en el Libertadores de América. "Nono, pará, pará, lo va a patear de vuelta", le dijo un nene a su papá en la Erico Alta. Y así fue, hubo invasión y se tenía que volver a patear. Nuevamente el jugador, la acomodó y pateó. El estadio rugió agradeciendo a su arquero, quien atajó el penal y le dió vida a Independiente salvando el débil tiro que el Pulga emitió.

Con 10 jugadores y el apoyo de su público, el Rojo fue en busca del segundo y lo encontró. Tomando riesgos y ejecutando una presión alta, a pesar de que el físico no le daba más a algunos futbolistas, el equipo hacía su juego. En una jugada aislada, el Torito Rodríguez apretó arriba, complicó, y después Moreira llegó de atrás como un tanque para quitar el balón y retomar la posición; le quedó a Albertengo, hizo pared con el 5, y tocó a Benítez que se sacó un defensor de encima y remató... ¡Gooooooooooooool! El potente remató no pudo ser alcanzado y el balón besó la red. Indepediente estiró la diferencia y el Libertadores se vino abajo con un Benítez que corría de un lado a otro agitando la camiseta, celebrándolo con su gente, y dejando atrás todos los rencores. El tiempo pasó y los Diablos Rojos de Avellaneda accedieron a la siguiente fase luego de un partido en el que vivió, murió y volvió a vivir en menos de diez minutos. En las afueras del estadio, las personas afirmaban: "Fue un partido de campeón..."



Elías Cardozo Bernal (@EGCardozoBernal)